Con el deceso de su abuela Adela, Fey había heredado una casona en la zona San Andrés Totoltepec, Tlalpan; sobre esa casa existían muchas leyendas que eran parte del folclor de la familia. Una vez que le entregaron las llaves, el fin de semana siguiente junto con su amiga Rosalba, fueron a ver la legendaria propiedad.
Cuando llegaron, observaran que
la casa tenía un aspecto viejo y abandonado, pero habitable, además la zona era
preciosa, llena de árboles y lejos de la mira curiosa de vecinos. En su
interior, se respiraba un aire enmohecido por el tiempo, sabanas cubriendo los
muebles y una neblina blanquecina ensuciaba la luz del sol que se colaba por
las ventanas. Las chicas, pusieron manos a la obra, quitando las cubiertas, y
abrieron ventanas y puertas para ventilar el lugar.
Subieron a las recámaras, la que
escogió Fey, era una de tipo clásico con
chimenea, una cama enorme y alta con cojines y una especie de torres a los
cuatro lados, había también un reposet y cuadros de personas que no conocía y
jarrones dispersos por el piso del lugar. Por su parte, Rosalba, escogió la que
estaba al lado, de igual estilo, pero con un par de sillones y una mesa. Ambas,
tenían ventanales enormes que daban vista al bosque que rodeaba la finca.
Después de algunas horas, estaban
exhaustas, decidieron hacer un receso e ir la tienda que habían visto unos
kilómetros abajo, a las orillas del pueblo. De regreso, sacaron los víveres e
improvisaron una comida, en el ínterin, decidieron pasar la noche en el lugar.
La oscuridad invadió el lugar,
entre penumbras encendieron la chimeneas y unos candelabros, el aspecto era
fantasmagórico y la vez melancólico. Cerca de las doce de la noche, acompañas
con unas velas, subieron a sus respectivos aposentos. Cansadas por la jornada
de aseo, se despidieron.
Fey se dejó caer a todo lo largo de
la cama, era mullida, se arrastró para introducirse entre las sabanas,
inmediatamente se quedó dormida. No había pasado más que unas pocas horas,
cuando, sintió una brisa fría cerca del rostro, como una exhalación, se le heló
la sangre y se cubrió la cabeza con las mantas; el cansancio la vencía, pero su
sueño se tornó inquieto, pesadillas llenas de seres fantasmales. Más tarde, sentía
unas manos recorrer su cuerpo. La temperatura de la habitación descendió, a
pesar de la chimenea.
La rodearon un cúmulo de voces,
todas hablaban al unísono, ella estaba paralizada, no podía moverse ni gritar.
Frente a ella, una sombra lactescente, la observaba, hasta que una voz
cavernosa que salía del ente, le pedía que lo siguiera.
En un estado de duermevela, Fey
se levanta, en ese preciso momento es absorbida por un sonido a mar, un mar
oscilante, bum, siss, buuummm, sisss, bummm, zas, zas, una y otra vez, y una y
otra vez, blanco y negro, idas y venidas, afuera y adentro, arriba y abajo. En
la oscuridad, en una oscuridad con pulso propio, agazapado y encogido algo la
agarra con fuerza meciéndola, sacudiéndola con fuerza, al otro lado se ve una
verja, delante de la puerta, deslumbrada por una luz salpicada de coágulos de
color de rojo oscuro, atenazada por el dolor sale hacia la luz blanquecina,
donde unas formas se mueven, las cosas brillan y despiden destellos.
Mareada y con náuseas, su estomago
está tan revuelto, tiene un malestar tan grande, demasiado lleno y demasiado
vacío, mojada e impregnada de olores; olores de oscuridad, lucha
desesperadamente contra las náuseas, se debate en un infierno de necesidades;
se dice, debo tener, debo de tener valor, debo andar, andar a donde sea y como
sea, pero los espectros la detienen, gritándole, tienes que dormir entre los
muertos, envolviéndola en una seda cálida… debo despertar, debo despertar…
lucha desesperadamente, como un gato que es arrojado a un cubo de paredes
resbaladizas, un gato que nadie quiere ni necesita; lucha y sube y sube en
busca de la luz… desde la sombra reconoce la penumbra, esta de pie… Son las
cinco de la mañana.
Se acerca a la ventana, el
paisaje es de un despertar tranquilo, los pájaros madrugadores entonan sus
trinos; el corazón le palpita aceleradamente, no acaba de entender lo que ha
pasado. Regresa a la cama, con una sensación de incertidumbre y miedo, la casa
esta en silencio, seguramente Rosalba sigue durmiendo.
Más tarde, en la cocina le
comenta a su amiga, esta no puede dar crédito a lo que escucha, a ella le pasó
lo mismo. Ambas amigas, deciden irse de la casa.
Meses después, Fey pone a venta
la herencia de su abuela.
Lunaoscura
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