martes, 18 de abril de 2017

La casona de “La Mesa”

La luna llena alumbraba el camino que salía de pueblo, era una noche tranquila y mágica de verano. Caminaba con dos mis primos, Juan y Pablo, como tantas veces, nuestros padres nos habían enviado de vacaciones con los abuelos.  

Unos días antes y a fin de darle un algo especial a estas vacaciones, habíamos decidido, echar andar nuestro espíritu aventurero, haciendo una expedición nocturna a una casona abandonada que se encontraba en un lugar que llamaban “La Mesa”.

Mientras caminábamos, observé de reojo quién me acompañaba, era Juan. Conociéndolo, buscaba en su rostro algún indicio que delatara su intención de hacerme una broma, pero lo único que noté, es que estaba muy serio. Por su parte, Pablo como todo un experto, caminaba resuelto delante de nosotros.

Ya habíamos salido del pueblo, y el panorama se hacía un tanto lúgubre, todo lo que se apreciaba eran sombras amorfas que bordeaban el camino, acompañados con los sonidos de los habitantes nocturnos del lugar. No faltan más que unos cuantos metros para llegar a la casona que se erguía en la parte más alta de la loma, cuando un viento gélido azotó el lugar.

Pablo, empezó a ir más lento como si se arrimara a algo peligroso. Cuando nos hallamos frente a la casa, Pablo ladeó la cabeza, como intentando oír algo, yo permanecía detrás de ellos con una sensación de vértigo en la panza.

A pesar de los años de abandono, la casa se contemplaba sólida. Su techo de teja a dos aguas, estaba integra, sus ventanas superiores y la puerta de entrada, se me imaginaba su rostro.

-       ¡Vean! -grito Juan- ¿Vieron la luz? – Pablo y yo no comprendíamos que decía, no habíamos visto nada.
-       Está bien, voy a entrar- dijo resueltamente Pablo.
-       ¡No espera! -masculle- vamos a organizarnos, no podemos ir adentro así nada más.
-       ¡Ya vas a empezar, miedosa! Mejor te hubieras quedado con los abuelos, esto es para valientes no para niñas- sentencio Pablo.
-       ¡Déjala en paz! -señalo Juan.
-       ¡No tengo miedo! Vamos, entremos - resuelta me adelante.

Caminé hasta la puerta. Al empujarla miré hacia atrás porque escuché que alguien había salido corriendo, era Juan alejándose por el campo. Titubeé por unos minutos, pero bajo la burla de Pablo, decidí entrar.

Adentro estaba en semioscuridad, la luz de la luna que se filtraba por unas ventanas laterales. Me pareció que era difícil que alguien se animara a estar en esa oscuridad tétrica y mucho menos intentar jugarnos una broma.

La habitación no contaba con muebles, a un lado de lo que parecía la escalera había una chimenea. Mientras trataba de acostumbrarme a esa penumbra, Pablo pasó apresurado por mi lado, con lampara en mano ilumino el lugar. Ilumino todos los rincones de lo que parecía ser una sala. Basura y polvo recubrían los pisos, las paredes estaban escarapeladas, pero todavía se podía ver en algunos lados, vestigios de pintura.

Nos adentramos más, frente a la chimenea y sobre ella, estaba un cuadro enorme, en él se veía a una mujer sentada. Por su vestimenta, se notaba que había sido tomada muchos años atrás. El rostro de la mujer, era serio con una mirada de tristeza como si mirara a la lejanía. En ese momento, una sensación de tristeza inundó mi corazón. Una voz me saco de mi estado.

-       ¿Dónde están? – era Juan que había regresado.
-       ¡Estamos aquí!, acércate cobarde -Pablo como siempre.
-       Pablo, déjalo en paz. ¡Está aquí, no! -replique.
-       Me asuste, qué quieren -argumento el pobre de Juan.

Empezamos, a recorrer el lugar, hasta que Juan nuevamente, pregunto si habíamos visto la luz que salía de la casa. Ni Pablo ni yo, la habíamos visto.

-       ¿Dónde la viste Juan? -interrogo Pablo.
-       En la parte alta de la casa, por una de las ventanas.
-       Vamos a averiguar, qué tal, si es la señora de la sala -dijo Pablo en son de broma.

Ascendiendo lentamente por las escaleras, ninguno se atrevía a decir nada, supongo que cada quién estaba tratando de evitar salir corriendo, mientras nuestros corazones nos latían a toda velocidad.

Por fin llegamos a un corredor algo estrecho, que se extendía al lado derecho. Alumbramos y nos dimos cuenta que estaba circunvalado por varias puertas, supusimos que eran las habitaciones de los antiguos dueños.

Una a una, fuimos abriéndolas, en todas solo había escombros y deterioro, Solo nos faltaba una habitación, que se haya en el fondo del pasillo, cuando nos dirigíamos a ella, de momento, observamos una luz por debajo de la puerta.

-       ¡Ven, allí esta! -eufórico grito Juan.
-       Shhhh ¿quieres qué nos maten? -señalo Pablo.
-       Muchachos, mejor nos vamos -dije con mucho miedo y preocupación.
-       Nada, de seguro es un vago que estaba viviendo aquí -resolvió Pablo.

Pablo giro el picaporte de la puerta, Juan y yo, estábamos atrás de él con el alma en un hilo, listos para salir corriendo. Se escuchó, como se deslizaban los pernos de la cerradura oxidada y el crujir de las bisagras de la puerta cuando la abrió.

Sigilosamente, Pablo se asomó, después de unos segundos, que a Juan y a mí se nos hicieron eternos, por fin dijo.

-       ¡Aquí no hay nadie!
-       ¿Cómo que no hay nadie?… y la luz. -perplejo argumento Juan.
-       Pues no sé, pero aquí no hay nadie.
-       Mejor vamos muchachos, esto ya me dio miedo. -sabiamente dije.

Ninguno de los dos me hizo caso, ambos entraron con lamparas en mano, mientras yo me quedaba en el umbral de la puerta. En el lugar, había una cama, una cómoda y otras cosas, obvio, en estado lamentable.

Con miedo y no, entre, me dirigí a la cómoda. Ahí estaba otra fotografía de la mujer de la sala, esta había sido tomada en un jardín, pero la mujer tenía ese mismo semblante de tristeza. En ese preciso instante, sentí que había algo detrás de mí, y me jalo de la camiseta con fuerza. Tire hacia adelante para liberarme, a la vez que daba un grito de miedo.

Mis primos, voltearon a verme. Al unísono los tres, salimos, como alma que lleva el diablo, de ese lugar. Mientras corríamos escalaras abajo, comenzaron una serie de ruidos por toda la casa, una luz, como de vela, nos perseguía, mientras una voz de mujer gritaba.

-       ¡Auxilio ladrones, ayúdenme por piedad!

En un santiamén, estuvimos fuera de la casona. Los gritos de auxilio y lamentaciones se escuchaban dentro de la casa. Corrimos sin parar, hasta que divisamos las luces del pueblo.

Llegamos a la casa de nuestros abuelos, pálidos y temblorosos que mi abuela se asustó mucho al vernos.

-       ¡Fidencio Fidencio, ven! Algo les paso a los muchachos. -gritaba mi abuela.
-       ¡Qué carajos pasa, mujer! – dijo mi abuelo con su acostumbrado tono amoroso.

Cuando nos vio y, conociendo a sus tranquilos nietos, nos preguntó.

-       ¿Qué hicieron chamacos del demonio?
-       ¡Nada abuelo! - dijo Pablo, Juan y yo nos mantuvimos calladitos.
-       ¡Nada, nada! ¡Cómo no! ¿Haber qué hicieron ahora, quién nos va a reclamar de sus aventuras? – mi abuelo nos conocía.

Entre palabras entrecortadas, les contamos nuestra experiencia. Mi abuela, no haya la forma de reconfortarnos. Mientras mi abuelo, nos decía.

-       ¡Pero si serán pendejos!, no saben que esa casa esta embrujada. Ahí mataron a la dueña unos forajidos, y su alma vaga pidiendo ayuda.
-       ¡Ya Fidencio!, no asustes más a los niños- rogaba mi abuela.
-       ¿A ver qué van a hacer?, si viene la muerta a jalarles las patas por andar metiéndose a su casa.

Después de comer el pan duro que mi abuela nos dio para el susto, nos acostamos en los catres, pero todo el resto de la noche mantuvimos “el ojo pelón” por si acaso la señora venia.

Al día siguiente, muy tempranito, la abuela nos llevó a la iglesia para dejar flores y unas veladoras para la difunta y pedirle perdón por andar metiéndonos a su casa sin permiso.


Lunaoscura

domingo, 16 de abril de 2017

Luna negra

Con qué derecho me idealizas como inmaculada pureza o como ramera descarriada. 

Quién eres, para decidir sobre mi cuerpo, mi placer y mi sexualidad. 

Qué derecho te inviste para silenciar mi voz y ahogar mis anhelos. 

¡Cómo osas anular la igualdad que ambos tenemos!

A caso, la ignorancia y el prejuicio que produce tu temor a la mujer, hace que me consideres un ser lascivo generador de pecado.

O será, el poder creador de vida o mi fuerza sexual dormida o por mi sabiduría intuitiva, que hace que me consideres impura.

Deja de ser ese “buen muchacho” incapaz de entender que somos diferentes, pero que eso no significa ser mejor o peor. Hemos sido creados el mismo día y de la misma arcilla. Acepta una convivencia sin jerarquías, en un plano de igualdad…

Lunaoscura

El día de Bennu

Hasta hace tres días, de acuerdo con el fechador de mi reloj, me encontraba en la caseta de vigilancia de mi trabajo. Un cuarto blindado y equipado con cinco pantallas de televisión que me permitían observar los principales accesos del edificio de una importante empresa automotriz.

Unas dos horas más tarde de mi hora de entrada, salí del cuarto de vigilancia para echar un vistazo directo a aquellas zonas que no estaban cubiertas por los sistemas de video. Estaba en el punto más lejano de mi recorrido cuando el terremoto azotó la ciudad.

Jamás había sentido uno tan fuerte, largo, y violento. Fue tal la energía del sismo que me arrojo a unos cuantos metros. Permanecí en el piso, pues hubiera sido inútil, además de peligroso intentar ponerme en pie.

Sentía las fuerzas en choque atravesar mi cuerpo. Escuchaba los ruidos de cristales y plafones al despedazarse, y el crujir de muros, trabes, y castillos. Miraba el vaivén de las lámparas antes de que muchas de ellas se desprendieran de sus soportes y se hicieran pedazos contra el piso.

La mayor parte del plafón que recubría el techo cayó, cubriendo de un polvo blanco todo lo que estaba abajo, dando al recinto un aspecto nebuloso.

Era evidente que los daños infringidos, merecían accionar la alarma de sismo, y alertar al puesto de control. Me puse en pie para ir al cuarto de vigilancia, pero apenas había avanzado un par de pasos cuando se cortó la electricidad.

Eche mano a la linterna que traía en el cinturón. Caminé, unos cincuenta metros para llegar al cuarto de vigilancia, sorteando todo tipo de obstáculos, pero cuando quise abrir la puerta simplemente no pude.

Me dirigí a la salida más cercana, pero las escaleras se habían derrumbado. Además, recordé que yo mismo había supervisado que fueran cerradas con gruesos candados.

Me senté en el piso para examinar la situación con calma. No tenía duda de que la estructura del edificio había sufrido daños mayores y, dada la magnitud del sismo, era razonablemente esperar una réplica que muy bien podría terminar de derrumbar la maltrecha edificación.

Era urgente encontrar una manera de salir. Con las puertas cerradas por candados, solamente podía abandonar el lugar por el túnel que conectaba al edificio con la planta de ensamblado. Sería un recorrido en la más completa oscuridad, no me resultaba muy atractivo, pero no se me ocurrió una mejor opción.

Inicié la caminata, sin embargo, no llegué a recorrer más que unos ciento cincuenta metros antes de encontrar que el túnel estaba totalmente colapsado y no había manera de pasar. Volví sobre mis pasos, y me dirigí al estacionamiento subterráneo.

Los muros y techos se veían en mucho mejor estado, aunque había desprendimiento de materiales del techo en varios puntos. Unos trescientos metros más adelante encontré una salida de emergencia, misma que decidí explorar. Los mecanismos de apertura funcionaron correctamente y pude salir.

Salí a un mundo destrozado. La primera impresión que me golpeó al alcanzar la calle fue el crepitar de incendios que no alcanzaba a ver. El humo y el polvo, me provocaron el primero de muchos accesos de tos. Mi linterna no podía penetrar esa combinación de gases. Esperaba oír sirenas, vehículos de emergencia, bomberos, policías, dirigiéndose diligentes y presurosos a las zonas más castigadas por el siniestro, pero solamente percibía el sordo rumor de incendios y explosiones lejanas.

Con mi intuición como guía, empecé a desplazarme por una avenida bastante ancha. Deseaba abandonar la ciudad, pero me resultó extremadamente fatigoso recorrer unos pocos metros, la visibilidad era muy limitada y el terreno por el que debía desplazarme estaba sumamente accidentado. 

Solamente los carriles centrales de la avenida se encuentran libres de cascajo, las pocas edificaciones que se mantienen en pies estaban incendiadas. Estaba impresionado, pero lo que más me sorprendió fue el no ver a nadie, vivo o muerto, en las tres horas que estuve fuera del edificio.

Varias veces traté de utilizar mi teléfono móvil, pero solamente obtuve la indicación de que en la zona en la que me encontraba no había servicio por parte de este proveedor.

Probé con la radio que me dio la empresa, utilicé el modo de emergencia para transmitir simultáneamente por todas las bandas del aparato, no logré respuesta alguna.

No sabiendo a donde dirigirme, recolecté tantos alimentos y agua que pude cargar. También, frazadas y ropa de abrigo para poder tolerar el frío que se hace a cada momento más intenso.

Pasé los siguientes dos días adecuando un lugar. No sé cuánto tiempo tardaran en llegar los socorros, pero ya están muy retrasados.

Hace unos días, rebuscando en los restos de la ciudad, encontré un puesto de periódicos. Ahí, el titular de un tabloide, llamó mi atención.

“La NASA lanzó el jueves por la noche una sonda espacial llamada OSIRIS-REx para perseguir un asteroide oscuro y potencialmente peligroso llamado Bennu, que se encuentra en ruta de colisión con la Tierra”.

Leí de los pavorosos efectos que tendría para el planeta, y en consecuencia para la humanidad, el impacto de un asteroide de ese tamaño.

Bien, escribo esta nota con la esperanza de que algún otro sobreviviente pueda encontrarla. En este momento, es la una con cuarenta minutos de la mañana del once de septiembre del 2046, me encuentro en lo alto de una pila de escombros que fue todo lo que quedó de esta construcción que debió tener unos quince metros de altura.

Debido a la gran cantidad de polvo y humo que hay en el aire se me hace difícil respirar y las crisis de tos son más frecuentes, supongo que son un síntoma de asfixia. Creo que esto podría matarme en algunos días.

Ahora somos una especie de vías de extinción y se hace urgente buscar alguna región con el aire menos contaminado.


Lunaoscura

sábado, 15 de abril de 2017

Tus sueños

The Lovers, 1987, Jan Saude
Quiero estar contigo
en tus amaneceres y crepúsculos.
Estar a tu lado y sentir
que vivo en tus sueños.

Adivinar que algo pasa…
ver tu sonrisa,
sospechar tus movimientos,
susurrando mi nombre…

Pesadilla

michał karcz pictures  
Esa sensación de zozobra que la invadía al despertar, se había prolongado por muchos meses. Estaba verdaderamente preocupada, sería que su salud mental ahora sí, se estaba debilitando.

Ese mundo al que se transportaba cada noche, era tan lúgubre, tan apocalíptico, y que decir de los seres que lo habitaban. Seres harapientos, oscuras alimañas de la noche.

Ella que tenía que ver con esos seres y con ese mundo. Dormir se había vuelto un suplicio, sus nervios se tensaban cada que la luz empezaba a menguar.

Vivía en dos mundos totalmente diferentes, uno desolador, una especie de purgatorio y, el otro, lleno de vida, luz y colores. Obviamente, algo andaba mal en su mente, tenía que buscar ayuda profesional, su salud mental peligraba, eso era seguro.

Así que decidió ir al médico. Después de una serie de estudios neurológicos, él médico llamó para darle su diagnóstico. El estómago le daba vueltas, el pulso lo tenía acelerado cuando llego a la unidad médica.

Después de un tiempo de espera, la enfermera informó que el médico la esperaba, con paso vacilante se dirigió al consultorio. En el interior, vio al médico colocando una serie de radiografías en una pantalla. Seguro, que le iba a informar que su salud mental había cruzado la línea limítrofe entre la cordura y la locura.

El galeno, le explico cosas que no lograba comprender, un tanto por los términos que utilizaba y otra, porque su voz la oía tan lejos, todo le daba vueltas.

Atontada, observaba como el doctor llenaba una receta y le daba una serie de instrucciones. Cuando, este se levantó para acompañarla a la puerta, ella no tenía idea de cuál era el diagnóstico. 

El neurólogo, con una sonrisa indescifrable, le dijo, a son de consuelo. 

- No se preocupe, es solo estrés. Ya vera, que con los medicamentos que le recete, estará más relajada. Pídale a la enfermera, fecha para la próxima cita en tres semanas. Tranquila.

- Ella pensó- Okey, seguro, él sabe, es el médico.

En efecto, la medicación la tenía relajada, pero llegada la noche, todo era igual. Era transportada a ese extraño lugar, pero ahora, los seres sombríos habían desaparecido, “sus tías” la esperaban, mujeres de diferentes etnias y complexiones, unas amables y otras rudas y crueles. Le daban información que no entendía, la llevaban a lugares extraños, parajes boscosos, sitios sumergidos en la oscuridad total, calles devastadas como producto de guerras o terremotos. Era un mundo destruido en donde los sobrevivientes vagan sin esperanza con una frustración que los hacía agresivos, aves de rapiña a la caza de su próxima presa.

Tal vez, por sus frecuentes incursiones en el lugar, empezaba a resultarle familiar y sus sentimientos eran invadidos por la desesperanza, una tristeza por la pérdida de algo, que aún no sabía, pero esas sensaciones, esas emociones, ya no se quedaban en ese mundo, sino que la empezaban acompañar a su mundo colorido, a su despertar cotidiano.

Nuevamente, se presentó con el médico. Le explico que esas alucinaciones nocturnas continuaban. Él la observaba en silencio como auscultando su mente, sus reacciones, finalmente, rompió el silencio, con una expresión taciturna, le pregunto:

- ¿Estás completamente segura de que tus pesadillas, son eso?

- La pregunta la desconcertó, y lo miró fijamente - No entiendo, ¿qué, quiere decir?

- El hombre se levantó, dio unos pasos y quedo de espalda a ella -Pon atención, estás a punto de saber la verdad. Sigue tomando el medicamento, y nos vemos en tres semanas.

- Ella no pensó, solo se limitó a abandonar la estancia – Nos vemos doctor.

Los días pasaban y las palabras del médico retumbaban en su cabeza. Finalmente, después de una nueva travesía en ese mundo de pesadilla, puso atención a lo que una de sus “tías” le decía. Como si le hubiera echado un balde de agua fría, su cuerpo se estremeció.

Cuando, abrió los ojos, supo que esta realidad vital, no era tal, solo se trataba de un sueño más.


Lunaoscura

viernes, 14 de abril de 2017

Enigma

Con mi cabeza en mi corazón y
mi corazón en mis anhelos;
saboreo un amor que vive lejos.

Somos ansías,
tal vez hechas de la misma tela,
pero doblados de una manera diferente.

Lujuria (microrrelato pecados capitales)

Ravesrocker
Sus deseos de amor lúbrico, asfixian su alma en fuego y azufre eternos.


Lunaoscura

lunes, 10 de abril de 2017

Desaparecido

El día era interminable, los minutos las consumían entre la soledad y la impaciencia. Por fin el reloj alcanzó las ocho, en el crepúsculo del día, solo unos minutos le bastaron para salir de esa prisión.

En su huida, arrastraba a compañeros que, con cara malhumorada, eran incapaces de entender que su vida se había desmoronado.

Abatida y lagrimosa, condujo a través del arroyo luminoso de las calles. Llegó a su casa. Todo era tan confuso, tan extraño. La gente no desaparece, así como así, ¡él no se hubiera ido, así como así!

No conseguía entender nada, por más que su aturdido cerebro le daba vueltas una y otra vez, no lograba dar con la razón que explicara su súbita desaparición.

Solo la inquietante llamada de ese individuo... Los policías eran unos inútiles incapaces de llegar a nada… ¡hacemos todo lo que podemos señorita Pérez! ¡Imbéciles!

El recuerdo del sonido de su voz, llenan su cabeza y tocan a su corazón. No quiere sentir nada, pero esa añoranza, le aporta la calidez y la calma que tanto necesita. Como si no se hubiera ido nunca. ¡Ese nudo en el pecho, le va a desgarrar el alma!

Al día siguiente, nuevamente vuelve la irritante rutina. Busca dentro de su bolso, el llavero con el corazón gigante que él le regaló - ¡Bien grande para que lo encuentres entre tantas chucherías! - La melancolía, le robo un profundo y sentido suspiro.

El ambiente se impregnó de un conocido aroma, su corazón dio un vuelco y bruscamente volvió la cabeza. - ¿Qué? -  Pasa sus manos por su pelo, nerviosamente lo recoge en una coleta. - ¡Me estoy volviendo loca! -Se dice-

Gira la llave en la cerradura y entra a su departamento dando un portazo. Cuelga la gabardina y el bolso en el perchero. Suspira aliviada, estaba en el único lugar donde podía recordarle sin disimulo ni excusas.

En ese apacible silencio, volvía a sentirlo, volvía a funcionarse con él. Un escalofrío le recorre la espalda, en la oscuridad, el embriagador murmullo de su voz la envuelve como un abrazo. Paralizada, nota su presencia, sin atreverse a volver la vista atrás, solo cierra los ojos y espera.

-       ¡Por favor, no te asustes! - Le susurra con voz melosa rodeándola con sus brazos, sentir su aliento en la nuca, le electriza la piel.

Se vuelve lentamente, incapaz de articular palabra, sin saber cómo debe sentirse. La tenue luz de la noche, acaricia su anguloso rostro, enmarcando sus masculinas facciones. Suspira fascinada, él cierra sus labios entreabiertos, por la sorpresa, con un beso abrasador.

Su cuerpo reacciona al instante, enredando sus brazos alrededor de su cuello y devolviéndole con exigencia las caricias de su lengua enzarzada en un delirante baile.

Ya habría momento para las preguntas, tan solo quería sentirle, ¿quién sabe si por última vez?, ¿quién sabe si tan solo era un sueño?

La desnuda muy despacio, con sensual habilidad, regalándole delicadas caricias con cada pieza despojada. Nadie la hacía sentir, tan a gusto desnuda, tan deseada, tan atractiva.

Él la mira con esa mirada sensual que le conocía y levantado las cejas. -Voy a aliviar un poco esa tensión- Dice con sedosa, al mismo tiempo, la toma entre sus brazos, acomodándola en la acogedora cama de satén.

La habitación está a oscuras, excepto por la liviana luz de la luna que ilumina románticamente la estancia.  Un delicioso y mareante placer la invade con cada roce de sus dedos.

Una sonrisa morbosa escapa de sus labios, cuando ella le murmura ardientemente, pidiendo más. Utiliza sus labios, su lengua y sus dientes en una delirante espiral de éxtasis. Una descarga de placer, recorre las entrañas de ella, desarmándose en un feroz orgasmo al tiempo que grita su nombre.

Él, sonríe divertido y repta por su cuerpo como un depredador encajando sus caderas en electrizante contacto de piel contra piel. Mientras le susurra al oído palabras de amor. Oleadas de placer invaden su ser, un rugido estalla en la garganta de él.

-       ¡Eres tan preciosa! ¡Nunca me olvides amor! - le susurra con el corazón en la boca.  

Después de unos minutos de absoluto silencio, esa maravillosa experiencia, se transformó en un terror absoluto. Un balde de agua fría, la hace levantarse abruptamente de la cama, para darse cuenta que se encontraba completamente sola. La única señal, era el aroma de él.

El sonido del teléfono, le saco de su letargo.

-       ¿Señorita Pérez?
-       ¡Sí, ella habla!
-       ¡Me temo que, tengo malas noticias! Encontramos el cuerpo del señor Sandoval. ¿Podría venir a hacer el reconocimiento del cuerpo?



Lunaoscura

viernes, 7 de abril de 2017

Caacrinolaas

Killian, recuperó poco a poco la consciencia. Frente a él, estaba una escena dantesca de sangre y carne. Las venas de su cuerpo latían con violencia y los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos como si fueran tambores.

Todo a su alrededor era confuso, y rodeado de una oscuridad maligna. Tambaleándose, sin saber cómo, se dirigió a la puerta. Una puerta añeja y pesada de madera. Cuando jalo una de las hojas, esta crujió como si se tratara de reclamarle su presencia en el recinto.

Una vez que tomo la calle. Esta, estaba desierta, y cubierta por una densa neblina.  No había dejado de acelerar el paso al igual que los latidos de su corazón. Le parecía que en cualquier momento le abandonaría y saldría por la boca. Había dejado aquella casa sin mirar atrás, deseando no haber estado nunca allí.

Empezó a plantearse, ¿qué clase de persona era? ¿Dónde está el límite del bien y del mal?

De pronto se detuvo. Sus manos seguían temblando, las miró asustado, como si fueran objetos diferentes a su cuerpo. Como si tuvieran vida propia y no fueran parte de él. Ellas eran las culpables de todo lo sucedido.

Una lágrima rodo por su mejilla, sus rodillas ya no soportaron más el peso de la culpa. Allí, entre medio de la neblina, postro su voluntad, desesperado gritó como si aquello pudiera hacer que desapareciera de golpe todo lo ocurrido. Pero no lloraba por remordimiento, sino por no poder asimilar ese nuevo sentimiento que albergaba dentro de él.

Tomo aire y recuperó la compostura, levanto la vista hacía el horizonte y continuó su camino.

Recordó el dolor que ese engendro había causado por largo tiempo. El vacío que por largo tiempo había llenado su sentido su existencia, desde el suicidio de su hijo. Entonces entendió que, cualquiera en su situación hubiera hecho lo mismo.

Tenía la certeza que, de poder volver atrás, volvería a castigar a ese demonio de la misma manera. No, no era culpable de nada. Solo había hecho su trabajo. Había derramado la sangre de Caacrinolaas por la salvación de su pueblo.

Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios… Enajenación, locura pasajera… o quizá solo alivio. No, solo justicia.


Lunaoscura