jueves, 29 de junio de 2017

Llegas tarde

Mario Estrada, llevaba más de veinte años como investigador de homicidios, era el responsable de la persecución de un homicida serial que aterrorizaba a la ciudad. No obstante, sus intentos de anticiparse al delincuente, no acababa de comprender su modus operandi ni su perfil psicológico, ya que sus víctimas no presentaban coincidencias. Era un homicida temperamental.

Una tarde que llegó fastidiado y frustrado a su oficina, se puso a reconsiderar seriamente la continuidad en su profesión. Cuando el teléfono, lo sacó de sus pensamientos. Tomó el auricular, al otro lado se escuchó una voz profunda y sarcástica que, sin mediar más palabras, le dijo:

-       Una vez más llegas tarde a la escena del crimen… ¡no me extraña para nada!, siempre te llevo una extraordinaria ventaja. ¿Qué te parece la cuerda que coloqué desde las muñecas hasta el cuello de esa linda chica? Sufrió mucho por tu culpa, ya ves con qué frecuencia, metes a las personas en tus problemas.

De un solo movimiento se incorporó de su asiento, he hizo señales a su equipo para que rastrearan el origen de la llamada. En tanto.

-       ¿De qué problemas hablas? Vamos a hablar para buscar una solución, esas pobres mujeres no tienen la culpa. ¿Dime tus condiciones?

-       Sin hacer caso a las palabras del detective, el sujeto continuaba- El próximo martes trece, ejecutaré a mi víctima número veintisiete, dos días más tarde a la veintiocho, y tres días después de esta a la veintinueve. Esta vez te haré llegar unas pistas para que puedas encontrarlas con tiempo, sí, con tiempo para detenerme antes de acabar con mis víctimas treinta y treinta y uno.

-       ¡Vamos, dime tus condiciones y terminemos con esto!


-       Te preguntarás por qué te daré la oportunidad de contenerme antes de los crímenes treinta y treinta y uno, ¿verdad?

-       Si aclárame – dijo Mario- Se trata de aquellas personas que te esperan todos los días, a quienes no les das la oportunidad de disfrutar de tu compañía cuando más lo necesitan. ¿Está claro que todo es por tu culpa?

Al escuchar esa sentencia, Mario sintió un vuelco en el corazón, era indudable que se trataba de algo personal.

-       No sé de qué hablas ni a quienes te refieres. Dime qué te hecho para que tortures a esas personas.

-       Quizás cuestiones mis actos, y no solo eso, hasta mis misivas. Por cierto, las palabras que escribí en el estómago de la chica también son para ti, considéralas un complemento de esta llamada. 

Te debo la relación que tienes con cada una de ellas. Lo haré en distintas entregas, como las novelas de antes, ¿recuerdas?… Pronto tendrás noticias de mí, ¡claro!, unos días después de cada crimen.

-       ¡No cuelgues!… ¡Te prometo que te encontraré!

Solo es escucho el sonido de la línea telefónica. Mario, pregunto si habían podido rastrear la llamada. No, no lograron ubicarla.

Los homicidios se realizaron en las fechas programadas. Con cada homicidio, había una pista que Mario y su equipo fueron armando. Se aproximaba la víctima treinta, cuando por fin tenían indicios del sujeto y las posibles víctimas.  Así que organizaron una cacería.

Mario avanzó a través del complejo abandonado. Las paredes, a medio caer, dejaban a la vista cables y conexiones de todo tipo; el suelo, levantado en muchos lugares, sostenía una gran cantidad de polvo y restos de la construcción. No había demasiados muebles, y los que quedaban, estaban en su mayor parte destrozados.

Se internaron en otra habitación, luego en otra, y así sucesivamente. El sudor resbalaba por la cara de Mario, se acumulaba en la nariz, y después caía sobre el suelo polvoriento.

Demasiado silencio. ¿Estaría muerto el homicida? ¿o simplemente había decidido aceptar su destino?

Dio otro paso. Un tintineo desvió su atención. Después un ruido ahogado y movimientos descoordinados.

-       ¡Granada! – gritó uno de sus hombres.

Pero para Mario y su equipo ya era tarde. Nunca cumpliría su promesa.


Lunaoscura

Las animas de la Venta

El viento gime envuelto en un halo húmedo y frío. Un portón es sacudido y golpea una pared no muy lejos.  Ariana, avanza penosamente rodeada de extrañas sombras que parecen observarle con hostilidad. Apenas puede ver hasta unos pasos delante de ella. Sus piernas flaquean.

Unos pasos más allá, se encuentra con dos enormes cuevas que se asemejan a dos cuencas vacías. En la parte de arriba, corre la avenida Camino Real a Toluca.

Decide seguir adelante pegándose a una de las paredes de la calle. Sus dedos recorren con rapidez las heridas del muro, palpando grietas, agujeros y deterioro. Un poco más adelante, hay una puerta entreabierta.

Ariana la empuja y consigue entrar en un estrecho pasillo. El viento aúlla al entrar en la casa y ella se estremece. Su corazón late desenfrenado.

La estancia está repleta de objetos extraños cubiertos de polvo y una alfombra descolorida. Uno de los objetos brilla a pesar del polvo que lo recubre. El objeto es cuadrado y tiene algo parecido a dos cuernos metálicos sobre él.

Decide llevarse consigo aquella cosa, pero descubre que pesa bastante. Ariana tira de ella y la levanta, cuando se dirige a la puerta algo tira de ella y se la arrebata de las manos. El objeto estalla en pedazos y diversos objetos caen sobre una puerta que es arrancada del enmohecido marco.

Ariana grita y se encoje aterrorizado, pero pronto descubre que nadie va a atacarle. No sin cierta dificultad consigue arrancar una cuerda de la caja cuadrada y brillante, pero ahora, ya no es ni cuadrada ni brillante, está hecha pedazos.

Camina sobre la puerta caída y entra en una pequeña habitación de paredes blancas, llena de velas, veladoras y flores marchitas, y con una ventana al fondo.

Se acerca a la ventana, solo ve la bruma parda y espesa. En ese momento, creyó escuchar unos susurros. En un primer momento no sabe lo que es, pero aguza el oído, y en efecto, se escucha una especie de letanía, recitada por varias voces.

Saca medio cuerpo por la ventana, e intenta ver a través de la neblina, una vez que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, enfrente de ella están las dos cuencas vacías, parecía que la observaban reprochándole su atrevimiento. Un escalofrío le recorrió el cuerpo y desvía la mirada a la derecha, cuál fue su sorpresa, una especie procesión de varias personas que cantaban al unísono una oración, se iba acercando.

Silenciosamente, se oculta para no ser vista. Minutos después, una veinte de personas vestidas de negro y cubiertas con velos negros y de un caminar lastimero, desfilaban frente a ella, para perderse en el fondo de las cuevas.

Una vez, que entraron, un silencio profundo invadió el espacio por unos segundos, para que acto seguido, gritos, llanto y lamentaciones se escucharan junto a un ruido de metal retorciéndose y un sonido sordo.

A Ariana, la sangre se le heló en las venas. Así que era cierto, siempre había pensado que la historia era un cuento de niños, pero ahora no podía negar las evidencias. Las lágrimas brotaron de sus ojos. Eran las almas en pena de las personas que habían fallecido en el descarrilamiento del tren de la Venta en mil novecientos cincuenta y tres.



Lunaoscura

martes, 20 de junio de 2017

Las brujas

Aquella tarde como todas las demás llegué cansado y adolorido a casa. Mi jefe, como cada día, había estado gritándome por lo mismo de siempre y, como siempre, me había obligado a realizar trabajo extra, o sea, ¡un día normal!

Lo que más apetecía, era llegar a mi cama, acariciar a mi perro y tirarme a ver televisión, pero este día no sería posible.

Me quité los zapatos para no hacer ruido y subí a mi habitación. Me desvestí rápidamente y cogí mi esquijama negro del armario. Después la escopeta y me dirigí a la cocina, necesitaba provisiones.

Poco a poco recorrí las habitaciones hasta llegar a la escalera. Subí a la azotea y bebí trago tras trago todas las cervezas con las que me aprovisione.

El tiempo pasaba, la luz se desvanecía en el ocaso. No sabía si aguantaría el equilibrio o caería, pero si eso sucedía, sería por una buena causa, pensé.

Una voz dentro de mi cabeza, susurro “Shhh, que vienen, están a punto de llegar…”

Se alertaron mis sentidos, no veía ni oía nada, hasta que al final las vi. Las brujas volaban sobre sus escobas y se acercaban a gran velocidad. Llevaba dos semanas esperando este momento. Cargué la escopeta, apunté como pude, y sin vacilar, le disparé a una cuando sobrevoló sobre mi cabeza...

Lo siguiente que recuerdo, es la extraña sensación de estar atado y unos seres diminutos, vestidos de blanco… Supongo que fui hechizado con uno de sus maleficios.


Lunaoscura

Una noche de verano

Martín se dirigía como todos los días a su casa, pero esa noche tenía algo especial, una brisa gélida acompañada de una densa neblina la envolvía y la calle estaba totalmente desierta, cosa que no era normal porque estaban en verano y generalmente las personas salían hasta tarde a la calle.

El único sonido que percibía era el retumbar de sus pasos sobre las baldosas, sin embargo, tenía una sensación de zozobra, una angustia lo invadía. Acelero el paso, de forma súbita un alarido sobrehumano, lo clavo al piso, un choque eléctrico le recorrió el cuerpo, el corazón se le acelero, sentía sus palpitaciones en el cuello y su respiración era entrecortada.

Lentamente giro la cabeza a la izquierda, la brisa se hizo más creciente, las hojas de los arboles hacían un chasquido agudo al chocar entre sí, no veía nada, pero unos pasos se acercaban a él. Un sudor frío le perlaba la frente y sentía que el corazón en cualquier momento se detendría.

Bruscamente, unas manos lo tomaron por los hombros, eran tan fuertes que le produjeron un intenso dolor. En un solo movimiento, lo giraron en su propio eje, Martín quedó de frente a un espectro.

El ser era impresionantemente fuerte, alto, pero no tenía rostro, vestía harapos desgarrados de lo que había sido una túnica negra. Unas lágrimas ardientes se deslizaron por las mejillas de Martín, el pavor se había apoderado de él y una certeza de final lo inundó.

Una voz profunda se hizo escuchar, “es hora de unirte a los demás”.

Martín, percibió el hedor que desprendía el monstruo, sintió desvanecerse, pero el ente no lo dejó caer, lo seguía sujetando fuertemente por los hombros. En un instante, unos alaridos desgarradores, invadieron el espacio, antes de perderse en la oscura nada, pudo observar que, se acercaban de todas partes cientos de ánimas descarnadas que extendían sus brazos hacia él.


Lunaoscura

viernes, 16 de junio de 2017

Olvido

La noche tiene sabor a nostalgia,
húmedas y frías campanas
lloran un adiós.

Sentimientos rotos en la soledad,
recuerdos marchitos;
lamento agónico de la realidad.

Karma

Una tarde Martha, se apostó en la entrada del edificio de departamentos en donde vivía con Mauricio, su marido, con la intención de seguirlo y pillarlo en alguna movida.

Mauricio, no tardó en aparecer, pero en vez de entrar al edificio continúo de largo con paso firme y decidido, Martha lo siguió con precaución.

No abordo su coche, si no siguió caminando por la avenida varias cuadras más, finalmente, dio vuelta a la derecha, se detuvo frente a un portón abierto y tras confirmar el número entró sin más dilación.

Martha, no comprendía lo que estaba pasando hasta que al doblar el primer tramo de las escaleras reconoció el lugar. Quiso gritar, pero de su garganta no salió ni un sonido.

Desesperada subió las escaleras, llegó, justo a tiempo para ver cómo Carlos abría la puerta de su departamento ante los insistentes timbrazos, y para contemplar la cara de incredulidad de su amante cuando su marido le clavó en el corazón un cuchillo.


Lunaoscura

Dejando ir…

Dejo ir aquellas aves de plumaje multicolor que con candor e inocencia me iniciaron en el camino del amor, con los que provee las primeras salinas gotas de perdida. Le digo adiós, aquel ser que despertó el deseo de perpetuar de mi paso en este mundo. Hoy solo hay dos hebras de luz de mi ser y su ser. Liberó, aquellos quereres con los que descubrir lo fuerte que era para iniciar una vez más, a pesar, de las cicatrices y desconsuelos.

Aprendí que todo se marcha, todo nos deja seguir. Lo que algún día tuvo comienzo tiene su fin. Cuánto camino hicieron mis pasos, hoy solo somos lluvia en un río de mil recuerdos. Les doy su libertad, en un acto de amor infinito por mí, sabiendo que me harán florecer en su recuerdo, es el momento de aligerar la carga para dejar espacio al nuevo mañana.


Lunaoscura