viernes, 2 de junio de 2017

Aún

Una sonrisa furtiva, una mirada seductora, la respuesta no es la que él espera. Aún no han pasado ni mil lunas. Las emociones no han amainado. Las sombras de esos recuerdos se mantienen firmes; inclusive aún sucumbe el corazón en idear recuerdos imaginarios. No puedo engañar de que lo he logrado. Es difícil desprenderse de esos espejismos, e intentar de mil formas vencer esa paz interior impuesta. Reír con dolor y llorar por reír. Con tiempo, apostar por el valor que tiene empatizar con las lágrimas ajenas… Y, tal vez, más aún.


Lunaoscura

jueves, 1 de junio de 2017

Entre letras y demonios

Entre letras y demonios,
el sentir viaja con la lluvia salada
de los cielos infinitos
de cada madrugada.

Dejemos que esta noche…


Taciturna dejaba transcurrir la noche, mientras el bullicio del bar, era el coro de su soledad. Estaba a punto de dar un trago a su copa, cuando un murmullo cadencioso y un poco áspero, le hizo levantar la mirada. Frente a ella, estaba un hombre desconocido que mascullaba palabras inaudibles.

Con señas, le indicó que no le escuchaba. Él se sentó y acerco su rostro al oído de ella.

-       ¿Tú vienes de un lugar donde la gente no se molesta en siquiera decir hola? Porque, yo vengo de un lugar donde trapean con tus esperanzas -atónita, no supo qué responder-.

Intento levantarse, pero él la detuvo, tomándola del brazo. Sus miradas se encontraron. Esa mirada tan profunda y triste, le resulto tan familiar a ella que, nuevamente se sentó. Durante unos minutos solo el silencio estrambótico los envolvió. Un dialogó de dos corazones que no deberían hablarse se produjo. Eran tan cercanos, venían de la misma prisión.

Minutos después, en silencio salieron del lugar. El viento nocturno susurraba sus nombres, en una melodía rebelde. La situación debería ponerla ansiosa, pero era demasiado tarde, el miedo se había ido. Sabía que sus intenciones no eran tan buenas, podía olerlas en el asfalto, pero su propio camino al infierno ya estaba pavimentado.

Con pasos calmos, se dirigieron al departamento de él.

-       Entra despacio, que nadie oiga tus pasos. -murmuró él- Mientras los nervios no te traicionen, todo irá bien.

El recinto estaba a oscuras, solo la luz de la calle se colaba entre las cortinas de la ventana.

-       Dejemos los besos para los enamorados, pensemos en lo nuestro, aunque esta noche... seas solo una casualidad para mí -dijo él-.

-       Ella refutó- Dejemos que los sueños se apoderen del deseo, recordemos que lo nuestro se me olvidará al momento, aunque esta noche... sea solo un desvarío de la razón.

Sin más preámbulo, la acerco a él, le dio un beso apasionado, mientras sus manos recorrían su cuerpo. Parecía como si el propio diablo lo hubiera poseído.

-       Te voy a hacer el amor como nunca te lo han hecho, te amaré con tal locura que te haré tocar el cielo.

Después de eso, las palabras se perdieron, sus cuerpos respondían a la lujuria con jadeos, gruñidos y gemidos. La inhibición desapareció, sus cuerpos reaccionaron en una oleada de sensaciones que eliminaron sus dudas en intensas contracciones.

Él gemía su nombre, mientras la tomaba por el cabello. Se calmó un momento, y luego con un inconfundible gran gruñido de placer termino.

Los primeros rayos del sol, se deslizaban por la ventana, dos cuerpos exhaustos descansaban sobre la cama. Ella, se incorporó, antes de irse, le dice:

-       Dejemos que lo cierto sea esta noche, recordemos que lo nuestro todavía no ha acabado, aunque, por esta noche… nos podemos despedir.

-       Te encontraré en la siguiente vida, cuando podamos estar juntos, te lo prometo -le responde él, antes de cerrar los ojos-.



Lunaoscura

Cuerda floja

Caminamos sobre la cuerda floja, siempre en movimiento oscilatorio, entre el ser o el no ser, ama u odiar, soñar o vivir la realidad. Somos plumas que los vientos mecen, partiendo de algo que ya no es, y siempre en la espera de un destino incierto.

Ser o no ser, ambas encierran una verdad falsa. Mientras, la vida gira y gira, atándonos a una idealización. Así, dando tumbos se crean y se destruyen fantasías y las amarguras.

Como complemento a este caos existencial, están el optimista y el pesimista, llenos de contradicciones y formulas idealizadas que, al soplo de una fuerza extraña, se derrumban como naipes.

¿Quién será más sano?, el idealista o el pesimista. El primero niega la fatalidad de la naturaleza humana y, el segundo, aniquila todo anhelo nacido de la añoranza.

En medio de esta dicotomía, el mortal común transita en una constante incertidumbre de su efímera vida. 

¿Cómo reconciliar estos opuestos? ¿Cómo aceptar el claroscuro de que estamos hechos?


Lunaoscura

lunes, 29 de mayo de 2017

Fantasía intima

El silencio ocupa cada rincón de mi pensamiento. Apenas podía ver la habitación con la tenue luz de la calle, que rasgaba las paredes como araños. Suspiré girándome para no verlas, intentando conciliar el sueño, pero todo fue en vano, recordé al hombre que había visto cuando paseaba por la calle. Aquellos ojos oscuros, sus labios y su voz…

Él hablaba y yo hipnotizada, preguntándome ¿Cómo será más allá de lo que me muestra? Lamentablemente, no se logró llegar a más, solo fue una banal conversación de dos desconocidos, que luego siguen con sus vidas.

Embeleso, mi mano se ocultó bajo las sábanas, imaginándome situaciones morbosas y complacientes. Sentí mi cuerpo en llamas y gemí llevándome los dedos a la boca.

Sentía los espasmos apoderándose de mi cuerpo, provocándome oleadas de éxtasis una y otra vez, hasta que dejé que mi mente explotase y sus cenizas se esparcieran por la habitación.

Abrí los ojos, pude ver a ese hombre desvaneciéndose delante de mí, como un fantasma evaporándose en la nada. Volví a la oscuridad de mi cuarto oscuro y a mi absoluta soledad. Suspiré de nuevo, y me dejé llevar por el sueño que me engullía como aquel silencio que lo engullía todo, incluso a mí.


Lunaoscura

En medio de la nada

Eyes 1946, Escher
Desconcertado caminaba en medio de la nada, rodeado de la más profunda oscuridad. No sabía en dónde estaba, lo único que recordaba era un fuerte dolor de cabeza, un estrépito y un destello de luz. Camino por ese lugar, por un tiempo indefinido, hasta que observo que al fondo había una luz. Acelero el paso, parecía que no avanzaba, o al menos esa era la sensación que tenía.

Finalmente, llegó, cauteloso se asomó. Por un momento, la luz le cegó la visión, una vez que sus ojos se adaptaron, vio que era una estancia grande, al fondo podían observarse varios arreglos florales y veladoras. En ese lugar estaban sus familiares y más allegados. Quiso acercarse a ellos, para preguntar qué es lo que estaba pasando, pero nadie lo veía ni le oía.

Ansioso y con una frustración que iba en aumento, se quedó parado en el umbral de luz. ¿Qué estaba pasando? Haciendo un esfuerzo, trato de recordar las últimas horas.

Se había levantado a las cinco de la mañana, como todos los días, se había preparado para ir al trabajo… No, no había sido así… Tenía mucho tiempo que no iba a trabajar, estaba enfermo… 

Todo era tan confuso en su mente, los recuerdos se le confundían, pero estaba seguro de que algo importante había ocurrido. 

En tanto, observaba el ir de venir de las personas en la estancia. Algo le llamo la atención. En un rincón de la sala estaba su hijo, era evidente que estaba llorando, trato de acercarse a él, pero se le adelanto su esposa. Se sentó al lado de muchacho, lo abrazó tratando de consolarlo. Él observaba la escena, sin comprender que es lo que estaba pasando, cuando, su hermano se aproximó a la pareja y con voz entrecortada, dijo: Mi más sentido pésame.

Al escuchar esas palabras, sintió un dolor intenso en la cabeza, una ráfaga de calor le invadió el cuerpo. Con miedo se internó en la sala, esquivando a las personas llegó al centro de la estancia. Sobre una base de metal estaba un ataúd. La parte superior estaba levantada para que los deudos pudieran despedirse.

Todo le daba vueltas, no tenía el valor de acercarse. Lentamente avanzó, cuando estuvo a la vista el rostro del muerto. Sintió un baño de agua helada.

Un sinfín de emociones lo invadieron. Los recuerdos le golpearon de momento. Esa mañana, lo despertó su esposa para darle el medicamento, minutos después, intento de nuevo conciliar el sueño, pero no pudo. Se levantó y se dirigió a la cocina, donde sabía que estaba Aurora, su esposa. Unos cuantos pasos antes de llegar a la puerta, escucho susurros y sollozos.

Cuidadoso, se acercó para escuchar la plática. Andrés, su hijo mayor, le explicaba a su mujer, sobre la necesidad de amputarle las piernas, porque la gangrena estaba invadiéndole y era la única forma de salvarle la vida. Aurora, mascullaba, debe haber otra solución. Tu padre no lo va a permitir.

Lentamente se alejó, sentía… nada. No acababa, de digerir la noticia. Conforme los minutos pasaban, la desesperación le hizo presa. No, él no terminaría sus días postrado a una silla de ruedas. ¡Primero muerto que tullido!

Con gran determinación, espero que todos en la casa hubieran salido. Se dirigió al garaje, ahí guardaba su revolver. Lo cargo y se dirigió a su jardín. Jalo una silla y la puso en medio de sus rosales, por unos minutos observo el lugar. Cuánto trabajo invertido para dejarlo así. Cuántos momentos pasó con su familia. Todo le parecía tan lejano. Una detonación, callo sus recuerdos.

Había muerto. Su frustración aumentaba por momentos, al mismo tiempo que lo hacía su resignación. Él veía como sus familiares y más allegados estaban presentes en su funeral. Quería acercarse a ellos, dirigirles algunas palabras, pero nadie le veía ni le oía. Llegó a preguntarse, por qué no se le permitiría un último adiós para todos sus seres queridos. De nada sirvieron sus lamentos.

Acongojado, se preguntaba qué iba a hacer a partir de ese momento. Ya no tenían ningún valor sus experiencias vividas y, aunque recordaba sus sueños, poco a poco dejó de darles importancia. Sin temor alguno, llegó a pensar que Aurora le olvidaría pronto. De todos modos, él ya no era parte del mundo.

De pronto, notó que algo le privaba de sus movimientos. Lo más curioso es que no había nada ni nadie próximo a él. Por más que lo deseaba, era incapaz de moverse un milímetro. 

Más tarde, le era más difícil observar a las personas. Poco a poco, la oscuridad se iba apoderando de él, de la misma forma que la tinta oscurece el agua. 

Enseguida sintió un escalofrío, lo que le causó desconcierto, nunca más iba a sentir hambre, sed, dolor, ni cualquier impulso o sensación natural en todo ser viviente. Tuvo conciencia que había llegado el fin, había llegado la nada.

- ¡De nada sirve permanecer donde ya no perteneces! - chilló una voz carente de piedad.

No podía ver quien pronunciaba esas palabras, pero varias veces resonaron. Su inmovilidad desapareció, aunque todavía se sentía dominado por esa sensación de escalofrió. 

Descubrió que estaba en un vacío. Se mantenía firme y, sin embargo, no parecía que estuviera sobre un suelo. Tampoco había nada a su alrededor; al menos, eso era lo que captaba su vista. Sin pensarlo más, comenzó a caminar por aquella oscuridad infinita, sin saber dónde se encontraba ni tener un lugar de destino.

- ¿Será este sitio tan sombrío, el cielo? —se preguntó.

- Me temo que no. Qué ingenuo… ¿Acaso esperabas un paraíso? -respondió la voz.

- ¿Quién eres? -preguntó afligido y un poco molesto.

- No soy nadie. Igual que tú -contestó el ente con firmeza.

Antes de poder articular palabra, un ente con vestimentas negras y con el rostro cubierto con una capucha, se plantó delante de él. Después... la nada.


Lunaoscura

domingo, 21 de mayo de 2017

Una noche cualquiera

A veces creo que vivo fuera de mí cuando estoy a tu lado. Tu sonrisa llena de todo ese material del que están hechos los sueños, lo nubla todo, tiene el poder de centrar mis sentidos en ti.