viernes, 25 de agosto de 2017

Quimeras

Conozco tu sentir, y no puedo traicionar ese amor que tienes por mí. Conozco ese sabor agridulce que invade el alma, al amar y no ser amado. Sé cuan triste es mirar y no ver nada, buscar miradas y no encontrar, vamos que lo entiendo bien. Tú me amas, yo lo amo a él.

Nuestros corazones tropezaron en trampas de ilusiones, con más pena que gloria, y más sabor a derrota y hiel. Alimentamos las esperanzas con adrenalina y caladitas de quimeras. El tiempo se hizo paisaje en la memoria difusa y un vacío repleto de nada. Hoy, las mariposas se han disecado y hay que hacer de tripas corazón… Nada más que quimeras. Nada más.


Lunaoscura

Lírica y placer

Recorriendo todos los rincones,
tu lírica y el placer van unidos,
clavando en mi piel los aguijones
y tu cuerpo sin remedio me colma.

La poesía que emana de ti,
me estrecha, pliegue a pliegue,
tan pura, que empezó a sentir
impaciencia por su lascivia chispa.

Un recital de jadeos y gritos
que se derraman en mi cuerpo,
ardiendo en llamas inmisericordes;
néctar de un principio y palpitar de un fin.



Lunaoscura

Desvarío

Hay días que me siento
arder con el viento,
y días que siento.

Hay días que te siento
en el tiempo,
y días en que no estoy siendo.

martes, 22 de agosto de 2017

Mal sueño

Caminaba muy rápido, empezó a correr presa del pánico, oía como los calmosos pasos de su persecutor la acechaban, dio la vuelta a la esquina, todo estaba tan oscuro, oyó sirenas a lo lejos, notaba como su pulso le oprimía las sienes, estaba temblando de terror, miró de lado a lado de la calle, parecía un sitio seguro, se agachó y se sentó en el suelo, arrinconada a un lado de un contenedor de basura. De repente volvió a escuchar los pasos, que sin duda alguna la buscaban entre las sombras de la noche, nuevamente presa del pánico se quedó totalmente en silencio, casi aguantando la respiración, temía tanto que la descubriese, por desgracia, un gato apareció en escena, ella al verlo dio un respingo haciendo un ruido tremendo en el silencio de la noche.

De un solo movimiento se incorporó y echo a correr. Corría. Corría en dirección opuesta al viento, pues este luchaba por arrastrarla. Con una mano sujetaba las faldas de su vestido deseando no caer, no tropezar, el cielo se tornaba más oscuro, pero no le importaba, solo le preocupaba huir, aunque en el fondo sabía que eso era completa y humanamente imposible. Las ramas retorcidas de los árboles se mecían cuando el viento los acariciaba violentamente.

Corría sin aliento a través de la niebla espesa y blanca que creaba fantasmas traslúcidos que parecían reír a su paso. Procuraba no volver la vista atrás, pues sabía que se aproximaba cada vez más, podía sentir su gélido aliento en la nuca.

Exhausta, quiso detenerse, pero el miedo que atenazaba su alma era mayor que todo el cansancio físico que pudiera sentir. Notó cómo las lágrimas resbalaban por sus pálidas mejillas, sabía que estaba irremediablemente perdida.

El viento sopló más fuerte y la empujó hacia su cazador que emitía gruñidos y bramidos. Los cabellos se le agolpaban en la frente y no le permitían ver nada, pero incluso así luchaba. Hasta que sintió que no podría continuar así eternamente. Una mano invisible y fría como el hielo la tocó, había llegado el momento.

Inspiró una excepcional cantidad de aire mientras su rostro perdía toda expresión humana y cayó al suelo. Puesta de rodillas y con recelo, levanto la vista. En la niebla, una pequeña bandada de cuervos negros como la noche la acechaba. Aterrada, se llevó una mano a la boca.

El viento helado que la había derrotado la recorría por dentro, destruyéndola, y la niebla se reía en susurros. Los cuervos la observaban fijamente con sus ojos carmesíes, pero no se movieron. Uno de ellos graznó. Podía sentir cómo de sus ojos volvían a brotar lágrimas, pero esta vez eran tan rojas como los ojos de los cuervos.

Los cuervos se miraron unos a otros y echaron a volar, pero en su despegue se desvanecieron para dar paso a una siniestra sombra negra. Al mismo tiempo, empezó a escuchar voces en la lejanía estaba paralizada y el murmullo se acercaba, agudizó el oído para intentar oír lo que decían, pero lo que oyó no le gusto, intento huir, pero no podía, el miedo la impregnaba todo su ser, su corazón se exaltaba y de pronto se despertó entre sudores.

Se hallaba en una estancia fría, lúgubre, la humedad le calaba hasta los huesos haciéndolo sentir dolor. Se helaba no tenía aliento, no había ni una pizca de luz, la oscuridad y la soledad la envolvían, la ansiedad se estaba apoderando de ella poco a poco.  Estaba de bruces en el suelo, el cristal de la puerta, que se hallaba al lado se había rotó, dejando el suelo repleto de cristales. Una sombra se le acercaba lentamente, un resplandor se le hundió varias veces en su cuerpo. Tendida en medio de un charco de sangre, observó una bandada de cuervos, testigos de su último gemido.


Lunaoscura

lunes, 21 de agosto de 2017

Miradas

Miradas, Mariana Rossi
Entré en la cocina, mientras intentaba mantener una plática tranquila sobre la importancia de la buena imagen con mi mugrienta pantufla izquierda, noté una mirada, una burlona y sarcástica mirada, era esa maldita cafetera observándome con una sonrisa prepotente, tomándome por loca, intenté seguir mi conversación con toda la educación posible, incluso en un momento le pedí que parara de mirarme así…

De repente, mi juicio se nubló para cuando quise darme cuenta la había desconectado, si lo había hecho y además me bebía el fluido de sus entrañas. Disfrute haciéndolo, pero no lo volvería a hacer y menos después de lo que ocurrió.

Todavía sostenía la taza medio llena, cuando nuevamente sentir sobre mí una mirada, una mirada recriminatoria y apenada por la pérdida de una amiga. Era el tostador que me miraba con odio, y apenas conseguía contener el llanto ante la desconexión de su amiga.

Esa mirada fue demasiado para mí, los remordimientos martirizaron mi frágil mente. Intente organizar mis pensamientos, él no tenía culpa, tenía todo el derecho a recriminarme por lo que hice, pero no lo soporte y… le desconecté, si lo hice y fue entonces cuando me empezó a asediar un pensamiento, había acabado con su existencia.

La espada de la justicia pendía sobre mí, un destello de lógica iluminó mi cabeza, sí en vez de matarle sin más le hubiera robando, mi pena se reduciría notablemente…, salte sobre las rebanadas de pan.

En ese momento, Daniel entró en la cocina.

-      ¡Que detalle el tuyo, empezaste a desayunar sin mí! - dijo mientras me miraba fijamente.

Esa mirada no me gustaba nada… era una pena que las personas no tuvieran enchufes.



Lunaoscura

Sentires

Agitaciones que se escriben entre
oleadas salinas de nostalgia,
mar de ideas que se funden en una
ilusión que resucita en el silencio.

Vuelve la rosa y vuelven las espinas
en odas indomables y bohemias
que recorren el fondo del abismo
entre acantilados y laderas.

Sentires que se confunden con anhelos,
estrofas que rozan la atemporalidad
de la muerte
de un te quiero desleído en el tiempo.

Versos amados que extenúan
al límite el alma,
condenándola al olvido salino
del desierto, de la nada…


Lunaoscura

martes, 15 de agosto de 2017

Al otro lado del silencio

Ruego por saber dónde estás…
en alguna estrella que nunca brillo;
rosas marchitas que el viento borró.


Se marchitó el amor,
en un lamento agónico de palabras,
tan amargo como las mentiras.